Nowhere 2017

Desde mediados de los años 80 en Estados Unidos empezó a celebrarse un festival que, ya entrados en los 90, alcanzó unas dimensiones internacionales y en la actualidad congrega a setenta mil personas durante una semana de verano en el desierto de Nevada: el Burning Man.

En este festival se llevan a cabo performances, rituales y expresiones artísticas fruto de la autoorganización de sus celebrantes y con la única autoridad de la organización del evento, que vela por la seguridad y estabilidad del mismo. La resonancia de este encuentro es global, y conseguir una entrada para participar es tarea casi imposible, dado que se limita el aforo para evitar problemas con las autoridades estatales.

Inspirados por este ejemplo, a principios de los 2000 varios participantes europeos decidieron organizar algo similar en Europa, y se consolidó el festival Nowhere que se celebra durante una semana del mes de julio en el desierto de los Monegros, cerca de Zaragoza. De escala mucho más modesta, recoge sin embargo el espíritu de experimentación, comunidad horizontal, fiesta y creatividad.

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Los asistentes van de acampada libre, o se integran en “barrios”, cada uno con su propósito distintivo. Puede ser ofrecer prácticas de yoga, unas camas elásticas, esculturas luminosas, un órgano con teclado en mitad de las arenas, fiesta sin fin a lo largo de toda la noche con música, llamas y acrobacias, o talleres de autoconocimiento y exploración de la sexualidad.

Quería contaros que decidí llevar parte del Bodysex al desierto, y tuve que enfrentarme a la tensión que ya es habitual en mí antes de darlo. Fue un sábado por la mañana, tras un amanecer apocalíptico de lluvia y barro que había dejado empapado el campamento y la cúpula entelada donde iba a impartirlo. Mis miedos me hicieron desear que se cancelara por imposible antes que enfrentarme a la prueba de esfuerzo e intensidad que siempre me supone este ritual.
Pero la cúpula fue secada y saneada cuando, de forma mágica, todas las mujeres que asistían se pusieron manos a la
obra para hacerlo posible. Así que no tuve escapatoria.

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Me llamó la atención que, justo el día anterior, participé en un magnífico taller sobre “ver tu propia cérvix”, facilitado por Monique.
Muchas de las mismas asistentes participaron en el Bodysex al día siguiente, y lo sorprendente es que, nada más arrancar el taller, esas mujeres que ya se habían estudiado la vulva e incluso la cérvix se conmovieron al transitar desde la observación científica de su genitalidad hacia el ritual de compartir las emociones que contiene.
Por cierto, verse el cuello del útero con un espéculo es algo que le recomiendo a cada mujer. Muchas gracias Monique.

Pero no sólo hubo Bodysex. Cada día, por la mañana y después de desayunar, se impartía una práctica mixta de masturbación. El miércoles, la persona que debía facilitarlo no se presentó, y me dijeron que si lo facilitaba. De esta experiencia me llevé un gran aprendizaje.

Lo primero a destacar es que el taller es mixto, cuando el taller de masturbación que yo facilito es sólo para mujeres. Cuando los hombres se pusieron a compartir, me di cuenta de que realmente tenían las mismas pedradas que nosotras, y que la única diferencia es que a la hora de masturbarse su genitalidad es externa. Podían verse el pene desde pequeñitos, y socialmente no habían estado tan castigados por ello. Pero muchas de las frases que salen en el Bodysex para mujeres salieron allí también.

Otro detalle es que los hombres aprenden a masturbarse y tener orgasmos desde pequeños, pero como es algo que les ha costado muy poco alcanzar han aprendido a hacerlo de una única forma, y además mecánica. Fue muy interesante.

Es maravilloso poder vivir un espacio sex positive donde todos nos sentimos cuidados y respetados, donde la gente puede expresar sus deseos libremente, e incluso chillarlos, sin sentirse amenazados.

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