Esto no es un momento triunfal de “me quiero a mi mismo”, pero quizá sí un alto el fuego a mi vergüenza corporal.

Este post es una traducción del blog de Natasha Salaash

Cuando leí el post de Natasha sobre vergüenza del cuerpo, me tocó la fibra sensible. Como casi todos los demás, tanto hombres como mujeres, lucho en soledad la vergüenza corporal. Sin embargo, un aspecto tan universal de la condición humana no debería aislarnos, sino que debería unirnos en abierta empatía. En ese espíritu, quería añadir mi historia a la suya.

He estado gordo casi toda mi vida. Estar avergonzado de mi cuerpo siempre ha sido tan natural y constante para mí como respirar. Recuerdo que llevaba capas de ropa a la escuela cuando era un niño, incluso en el calor de junio, con la esperanza equivocada de que podría esconder mi cuerpo. Temía cambiarme delante de otros niños para la clase de gimnasia e hice todo lo posible para evitarlo. Me encantaba nadar pero nunca iría a una piscina pública. Me dolía de envidia cuando veía los cuerpos delgados de otros chicos, exhibidos con despreocupado abandono en juegos de camisas y pieles.
No era sólo que tuviera tripa. Otros niños tenían tripa y fueron aceptados. Creo que podría haber rodado sólo con la tripa. Lo que más me avergonzaba era que también tenía grandes tetas gordas.

Body Shaming

Desarrollé una postura encorvada para que mi camisa se colgara hacia adelante y los escondiera. Hice innumerables flexiones tratando de transformarlos en poderosos pectorales musculares, pero lo único que hice fue añadir capas de músculo bajo la grasa.
Las primeras aventuras con las chicas eran aterradoras y a menudo humillantes.
Durante mi adolescencia y principios de mi veintena, cuando el metabolismo y el trabajo físico se combinaron para darme un cuerpo bastante en forma, la vergüenza del cuerpo todavía estaba tan arraigada que tuve que esforzarme conscientemente para levantarme derecho. Incluso ahora en mis cuarenta, el supuesto comienzo de la etapa “que te den, yo soy lo que soy”, todavía me lo tengo que recordar a mí mismo para no bajar a ocultar mi pecho.
Así que aquí estoy. Este soy yo. Todavía no he llegado a la aceptación, pero estoy trabajando en ello. Esto no es un momento triunfante de “me quiero”, pero quizá más de un alto el fuego con mi vergüenza de cuerpo, ayudado por el valiente ejemplo de mi querida amiga.

Puedes leer el post en inglés aquí
Natasha Salaash es facilitadora de Bodysex en Canadá y puedes seguir su trabajo

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