¿Qué pasó en el Bodysex?

Desde el momento en el que empiezo a pensar en la fecha para el fin de semana del Bodysex se pone en marcha el ritual. La sensación es la de estar manteniendo viva una ceremonia más que replicando un taller. Es algo que me conecta con el viaje de sabiduría que emprendió Betty Dodson en los años 60, y que quiero perpetuar.

Al fijar la fecha para celebrar el siguiente Bodysex, se adueña de mí un tirón en el estómago con el “efecto cuenta atrás”. Los días caen del calendario, las tareas se multiplican, las asistentes confirman, y todo culmina en un gran remolino seguido de un momento en el que la sala ya está preparada, las asistentes están a punto de entrar, y la calma se adueña de todo como tras el paso del tornado.

 

Sala1

Una vez dentro, el fin de semana se convierte en esa experiencia placentera que me enganchó desde el primer Bodysex.

Esos dos días se van tan rápidos que siempre nos quedamos con ganas de más.

La cosa más maravillosa, y al mismo tiempo aterradora del Bodysex, es que es impredecible. Cada mujer es diferente y original, porque la experiencia se construye con las personas que asisten cada vez. Y no hay dos personas iguales: cada cual tiene sus miedos, sus dones y sus expectativas.

 

En este segundo Bodysex en España, he vuelto a tener la suerte de compartir con un grupo increíble. Los temores acaban desapareciendo, porque el Bodysex es sexo individual con una misma, que se practica dentro de un círculo de iguales que no juzgan.

Con personas maravillosas como las que tuve la suerte de compartir, el círculo y el ritual se perpetuó.

Quiero pensar que al terminar todas nuestras vidas fueron un poquito mejores que antes.

Gracias por mantener vivo este ritual.

 

 

 

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